Hace mucho
tiempo no escribo pero en este periodo de aislamiento ya estoy agotando todas
las formas de distracción; sin embargo eso es lo que menos importa en estos
momentos, la verdad me quiero enfocar en el tiempo, aquel tan amado u odiado
dependiendo de la circunstancias.
Hoy en día con
toda la situación de la pandemia y el caos generado por ella, va a sonar muy
extraño pero estoy cumpliendo uno de mis sueños. Uno por el cual luche y me
prepare por muchos años pero después de varias negativas se fue ganando un
lugar allá, donde habita el olvido. Aunque de repente sin pedirlo o esperarlo, este
instante llego, este donde me encuentro en un paraíso natural, irónicamente
encerrado pero con la posibilidad de levantarme a las 6 am y ver un amanecer
entre mar y montañas.
Pero yendo lento
deprisa no se nos puede olvidar el meollo de este escrito que es el tiempo, ese
ente tan particular, tan relativo que puede llegar a ser un amigo confiable o
un cruel enemigo. ¿Quién no ha sentido esa dualidad? ¿Quién no ha sentido que
esos 30, 45 o 60 segundos en plancha son eternos? ¿Quién no ha pasado noches
enteras hablando con su pareja, amigos o su digimón pensando que apenas han
trascurrido un par de minutos? La complicidad del tiempo algo tan valorado se
equilibra con el capricho tan despreciado de este mismo, mañana puede ser el
día de suerte de alguien pero también habrá alguna persona que con veinte vidas
mas no le será suficiente para encontrar lo que está buscando.
Es increíble e
inquietante como algo tan general, algo que todos compartimos puede llegar a
ser tan personal, tan propio, tan diferente. También es muy interesante
formular preguntas y proyectarnos en el tiempo pero al menos lo que concierne a
este escritor aficionado por el día de hoy el tiempo ha acabado.
¡¡¡¡Alto!!! Un
minuto, un momento, un instante ¿Qué es eso? ¿Será un árbol?
HERMANO CERTEZA
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